Nadie callado, nadie quieto

Confidencial

Génesis Milagrosa Hernández Núñez

Primero, no voy a negar que tengo miedo. Miedo que me ha impedido ir a acompañar a esos viejitos que en su ancianidad y su enfermedad, tienen más ímpetu y más huevos que yo en mi juventud y mi salud. Tengo miedo por mis compañeros de clase que fueron encarcelados y torturados, por la gente que ya ha derramado sangre en esta lucha, tengo miedo porque sé que un día de estos puede morir alguien, tengo miedo de ese poder enfermo que, al verse amenazado y confrontado, ya desató su locura incontrolable y su violencia incontenible.

Pero poco a poco mi miedo se ha transformado en rabia. En ganas de gritar. Ya no me siento paralizada. Ya no podemos estarlo. Lo que está ocurriendo ya no es sólo contra los viejitos y debemos estar claros de eso. Alguna vez leí que cuando una mente despierta ya no hay nada que la haga dormir de nuevo y eso es lo que está sucediendo con Nicaragua: estamos despiertos y si nos quieren “dormir” a golpes, a palo, a fuerza, no lo van a lograr. 

Todos tenemos que despertar. No sólo en Managua, en cada pequeño pueblo, en cada esquina del país. Nadie callado, nadie quieto. Quienes por una u otra razón no estén en los plantones, que hagan algo, lo que puedan, lo que les diga su conciencia. Los que escriben, que escriban, los que informan, que informen, los que dan una botella de agua, un paquete de galletas, que lo den, los que rezan, que recen. Podemos ser fuertes de muchas maneras. No vamos a estar presentes sólo físicamente, también vamos a estar con nuestra mente, nuestro corazón, nuestra energía, con las ideas que todos aportemos. Esto ya no es una chispa, es una llama y debemos mantenerla encendida

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